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No hi ha llavors sota l’escòria

by Jordi De Miguel. Average Reading Time: about 2 minutes.

Será difícil saber qué hacía en su celda Juan Carlos Moronta cuando, ausente su persona, el tribunal de la sala 5 del palacio de justicia de Bonao decidió aplazar su juicio hasta el 9 de julio. De nuevo, la falta de medios para trasladarlo del Centro Penitenciario de La Vega al banquillo de acusados, a 37 kilómetros de distancia, lo ha condenado a otro mes de prisión preventiva. El día que lo juzguen por el robo de entre diez y quince libras (entre cuatro y siete kilos) de níquel del escorial de Falcondo, acumulará once meses de sombra a sus espaldas. El valor de lo supuestamente robado no alcanza los 100 euros, los abogados de la compañía le pedirán diez años. Como él, otros cuatro muchachos esperan juicio. Todos son vecinos de la misma comunidad.

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Para llegar a El Verde hay que deshacer un frondoso camino de cabirmas, palmas y piñones. Atrás queda la autopista Duarte conectando las ciudades de Bonao y La Vega, vitales en la cadena de producción y distribución agrícola de la República Dominicana. Para los curiosos que divisan por primera vez su exhuberancia natural, sorprende que esta pequeña comunidad de cerca de 3.000 habitantes ya no forme parte de esta cadena. Subido a un montículo de tierra yerma, Pedro Pablo Abad cuenta: “Esto antes era un pueblo rico, con muchos víveres. Aquí se sembraba y distribuía el arroz inglés que trajo Trujillo. Ahora no sale a cuenta: la tierra ya no rinde y nos está faltando el agua”. Un último vistazo alrededor (“Mira ese río: ¿Qué baja por ahí? Sedimentos de Falconbridge”), otra ráfaga de fotos (lomas peladas, cúmulos de tierra rojiza bajo las nubes) y Pedro Pablo que urge: “Ya los guardias saben que estamos aquí”.

Él la llama así, porque así se llamaba la compañía cuando en 1956 ancló sus cartabones en los lomos del país, dirigido entonces por Rafael Leónidas Trujillo a golpe de plomo y grillete. Fundada en 1928 en Canadá, Falconbridge fue la primera minera extranjera en instalarse en República Dominicana, aunque no empezó a operar en la zona, bajo el acrónimo local de Falcondo, hasta 1971. En 2006, la compañía fue adquirida por la minera anglosuiza Xstrata, líder mundial en la producción de níquel, zinc y ferrocromo, con presencia en 20 países. Tras dos años de paro en las operaciones por el bajo precio del níquel en los mercados internacionales, reinició sus actividades en marzo de 2011. Como un resorte, las tensiones con las comunidades vecinas se reactivaron.

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